¿Por qué ocurre?¿Las previsiones de inflación no están yendo a la baja? ¿No deberían acompañar las tasas del sistema bancario y financiero ese proceso, tal como vinieron haciéndolo en los últimos meses? Lo que está pasando es que, así como las empresas y los operadores de mercado especulan con que el dólar planchado no podrá sostenerse mucho más, lo mismo están olfateando los pequeños ahorristas. “Estamos viendo un proceso de fuerte desarme de posiciones en pesos. A la gente que le vence el plazo fijo, en su mayoría se pasa al dólar. Los bancos estamos intentando tentarlos para frenar ese drenaje”, relataron desde una de las entidades con presencia importante en Córdoba.
La semana pasada fue difícil. El nerviosismo volvió a apoderarse del mercado y Luis “Toto” Caputo parece haber vuelto por unos instantes a las épocas en que no era el mejor ministro de Economía de la historia. Apareció públicamente para decir, en lo que pareció un cover de los viejos manotazos de desesperación que tantas veces se han visto en este país cuando las papas quemaban, que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional será por 20 mil millones de dólares y que habrá tantas reservas como jamás ha habido. La puesta en escena no generó un optimismo desbordante sino más bien cautela. El dólar siguió en la zona de los 1.300 pesos y el Central perdió más reservas:en una semana debió desprenderse de más de 1.200 millones.
El gobierno de Javier Milei, con sus aires de novedad, está repitiendo los errores que suelen producirse en Argentina cada vez que hay una crisis cambiaria: comunica mal, a la desesperada, y produce el efecto contrario a esa certidumbre que espera transmitir. Ahora tiene por delante una única oportunidad para despejar el panorama y desalentar una corrida:que la letra final y pública del acuerdo con el Fondo sea tan favorable -que no plantee exigencias de devaluación y que envíe 20.000 millones de libre disponibilidad- que exorcice cualquier fantasma.
La inestabilidad que ha ostentado el gobierno nacional en los últimos días tiene un efecto secundario: empieza a preocupar a los gobiernos de las provincias y los municipios. El panorama hacia adelante ya no parece ser tan estable ni tan alentador;aparecieron las dudas y, por lo tanto, las inquietudes.
Las vicisitudes de Milei se enfocan en el orden macroeconómico, pero en las gobernaciones y las intendencias está apareciendo cada vez con más insistencia un problema vinculado con la economía pero en otro plano:se trata del esquema de financiamiento con que contará cada uno de los escalones del Estado. Y más que el financiamiento les preocupa su contrario:el desfinanciamiento.
La gestión de Martín Llaryora viene planteando desde hace meses que debería revisarse la arquitectura tributaria porque la actual no se corresponde con la realidad. En la Provincia sostienen que el gobierno nacional concentra un enorme caudal de recursos pero no ejecuta casi contraprestaciones. “¿Para qué cobra tantos impuestos la Nación?De la seguridad nos encargamos las provincias porque en el interior la Policía Federal casi no existe;de la educación nos encargamos las provincias; de los servicios también y ahora si nosotros no hacemos obras públicas toda la infraestructura se desmorona. Si nos desentendiéramos de todo eso tendríamos una crisis social muy profunda”, señaló un funcionario.
El razonamiento de la gestión de Llaryora es que si el modelo de ajuste de Javier Milei no provocó reacciones es, en gran parte, porque la contención no desapareció sino que se trasladó:ahora quedó como exclusiva responsabilidad de gobernadores e intendentes.
En la Municipalidad de Río Cuarto el discurso es similar, aunque plantean un agravante:los gobiernos locales están recibiendo una sobredemanda pero no tienen demasiados instrumentos para incrementar su financiamiento. Para este año, las principales ciudades de Córdoba han aplicado, con el costo político que eso implica, aumentos impositivos considerables. Sin embargo, ni así consiguen tapar el agujero en las cuentas.
“Hay un esquema perverso a nivel nacional. Se desentendieron de todo:no hacen más obras públicas, no envían más fondos para salud ni para contención social, no cubren los remedios de los viejos, no subsidian más el transporte. De todo eso tiene que encargarse ahora el Municipio. Pero desde la Casa Rosada se fogonea el discurso de que los intendentes son gastadores y los obligan a ajustar ¿Quién se encarga de los servicios y las obras entonces?”, dijo un funcionario del Palacio de Mójica.
La situación de las cuentas de la Municipalidad es sumamente compleja. A pesar de los recortes del año pasado y de la suba de impuestos, todos los meses tiene un déficit de 700 millones de pesos. Una de las causas de ese rojo se origina en una avanzada de la Casa Rosada:el Banco Nación se niega a pagar las tasas municipales e, incluso, recurrió a la Justicia en contra de Comercio e Industria, la tasa principal en ciudades grandes como Córdoba o Río Cuarto.
A partir de la ofensiva del Nación, los demás bancos comenzaron a pagar mucho menos:hasta enero aportaron al Municipio un promedio de 450 millones de pesos;este mes la cifra bajó a 100 millones. No ha habido cambios estructurales en el sistema financiero riocuartense; por lo tanto, si los bancos pagaron menos es porque le declararon menos al Municipio. “Están tributando lo mínimo y viendo qué pasa con el Nación”, señalan en el Municipio.
Las tasas que paga el conglomerado de bancos no es una discusión intrascendente. Si la Justicia les diera la razón, Río Cuarto perdería de un plumazo la mitad de sus ingresos por Comercio e Industria, el pilar central de su recaudación.
“Buscan que los municipios vuelvan a ser ABL: alumbrado, barrido y limpieza”, dijo Pablo Antonetti, secretario de Economía. Si así fuera, habría una reconfiguración de las posibilidades de los gobiernos locales: todas las obligaciones que han ido incorporando en los últimos años -en parte por demanda de la gente, en parte por especulación política- serían cada vez más difíciles de financiar.
El interrogante que queda, si se siguiera avanzando en esa dirección, es qué modelo de sociedad y de Estado quedaría. Si, así como se desligó la Nación, se retrajeran paulatinamente también las provincias y los municipios, ¿qué pasaría con esas personas que hoy tienen asistencia, salud, comida o servicios porque los reciben, aunque sea en parte, del Estado en alguna de sus formas?
Ante el déficit, pero sobre todo ante la perspectiva, en el gobierno municipal preparan una serie de medidas para recortar el gasto. Pero no serán sólo achicamientos de lo que ya existe sino una revisión de lo que puede y no puede hacer una gestión local. Hay áreas, como el deporte, la cultura o la educación, de las que podría comenzar a retirarse.