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Sin castillos en el aire
Uno toma el diario por la mañana en cualquier lugar del país y ahí mismo el esfuerzo de los dirigentes se le cae desde las páginas a la cara.

Hablo en este caso de los que manejan los clubes que intentan participar con cierto decoro en los torneos argentinos de fútbol.

Estando la semana pasada en el sur, uno leía los malabares de Brown de Puerto Madryn o de Racing de Trelew para nombrar a un par y en diferentes categorías.

Equilibrio que hacen aquellos que pretenden darle a sus socios e hinchas la participación digna, pero a la vez no quieren hipotecar la institución.Y se sabe…es muy difícil.

Hace poquito, en declaraciones a PUNTAL, el saliente presidente de Estudiantes, Iván Rozzi hablaba de la profesionalización que exige salir al ruedo con ciertas posibilidaes que excedan el participar en este tipo de torneos.

Y a partir de decenas de experiencias en el país, uno desde los medios tiene el deber de advertir junto a las dirigencias, hasta donde van las metas en un todo de acuerdo con el bolsillo de los clubes.

¿Qué puede ambicionar un hincha de Atenas? ¿Cuanto podrá exigir uno del celeste?
Se trata de andar un camino sumamente sinuoso y ríspido, pero que si se conoce el mapa de ruta se hará mucho más saludable y benéfico.

Quiero decir que ahora Roberto Gualtieri en Estudiantes y Daniel Tosco en la continuidad alba saben y seguirán conociendo hasta donde dan el piné cada uno de ellos.

Y aunque parezca lírico y algo inocente será bueno trasladar al menos desde las dirigencias a sus seguidores cuales son las expectativas de máxima en el Argentino B.

Por cierto que esas ambiciones serán altas desde la imaginación para todos los que conforman las familias de esos clubes, pero será interesante no despertar ilusiones desmedidas, al menos desde los escritorios.

Y esto lo marco porque estoy seguro que para Drago o Domizzi y para sus planteles, no hay otra meta que la de ascender y ganar todo lo que se juegue. Y está perfecto.
Es necesario entonces advertir que el sendero es pedregoso como cada año y que jugar en el Argentino B en una estructura perversa como la afista por más que la alaben los pusilánimes de siempre, es muy duro.

Tanto lo es que un ascenso no se reconoce como una buena o una mala noticia el día después de la última fecha. Por ello y sabiendo el esfuerzo que se hace, este se hará más reconocido no haciendo castillos en el aire, ni desde los medios ni desde el club mismo.

Si más tarde se supera la media, habrá que comprar más para el brindis.
Que será merecido y auténtico.
Sin engaños.

Osvaldo Alfredo Wehbe
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