Una bomba en la campaña

Un mes después de que la explosión de una bomba casera en la empresa a cargo del escrutinio introdujera un serio factor de perturbación en el proceso electoral a pocas horas de las Paso, la detención de dos presuntos responsables directos abre la expectativa de un pronto esclarecimiento. Se trata de una noticia positiva frente a la cual, por difícil que parezca evitar que sea leída en clave de campaña, deberían omitirse las típicas maniobras que buscan el aprovechamiento inmediato a un costo que a veces recae en parte sobre la imagen de las instituciones y del sistema político en su conjunto.

Los primeros datos acerca de la pareja detenida por disposición del juez Daniel Rafecas, a pedido del fiscal Guillermo Marijuan, la definen como firme simpatizante de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, en la modalidad radical que además incluye descalificaciones tajantes al actual mandatario Mauricio Macri. Sería fácil desde el oficialismo estimular las sospechas sobre una hipotética conspiración, a lo que muchos de sus seguidores, también predispuestos a dar crédito a cualquier cosa negativa que se diga sobre sus rivales, acaso se sumarían con entusiasmo.

Debe advertirse, sin embargo, que las propias características del ataque, perpetrado con una bomba con nada desdeñable poder de daño pero inequívocamente casera, y que incluía el grosero error de un primer envío a una dirección de la que la empresa destinataria ya se había mudado, quita verosimilitud a esa teoría. Y denota un grado de improvisación y precariedad que vuelve más creíble la versión de una iniciativa personal o en todo caso de un grupo pequeño, sin relación orgánica alguna con una estructura política.

De todas formas, sí sería pertinente vincular el episodio con un clima de intolerancia exacerbado, que se expresa no sólo en los amplios despliegues de violencia verbal sino en el vandalismo ejercido sobre algunas sedes partidarias o, últimamente, los ataques a establecimientos de Gendarmería Nacional. Más allá de cualquier motivación presuntamente “objetiva”, da la impresión de que cada vez más actores van dejando de conformarse con la ocupación pacífica de los espacios públicos y apuestan a métodos más contundentes cuya ilegalidad ya deja de ser materia de interpretación.

De todas formas, el tránsito entre acciones semejantes y la construcción de una bomba capaz de matar no es tan obvio como para no necesitar además un grado de alienación fuera de escala. Cabe esperar que el esclarecimiento relativamente veloz de lo ocurrido, si efectivamente se confirma, permita mantener el episodio como una anécdota lamentable pero única y excepcional dentro del proceso electoral.